Ciencia Tecnología y Sociedad. Tarea 1

Universidad abierta para adultos (UAPA).

¿Qué es Ciencia?

La ciencia (del latín scientĭa ‘conocimiento’) es el conjunto ordenado de conocimientos estructurados sistemáticamente. La ciencia es el conocimiento que se obtiene mediante la observación de patrones regulares, de razonamientos y de experimentación en ámbitos específicos, a partir de los cuales se generan preguntas, se construyen hipótesis, se deducen principios y se elaboran leyes generales y sistemas organizados por medio de un método científico.

La ciencia considera y tiene como fundamento distintos hechos, que deben ser objetivos y observables. Estos hechos observados se organizan por medio de diferentes métodos y técnicas, (modelos y teorías) con el fin de generar nuevos conocimientos. Para ello hay que establecer previamente unos criterios de verdad y asegurar la corrección permanente de las observaciones y resultados, estableciendo un método de investigación.

La aplicación de esos métodos y conocimientos conduce a la generación de nuevos conocimientos objetivos en forma de predicciones concretas, cuantitativas y comprobables referidas a hechos observables pasados, presentes y futuros. Con frecuencia esas predicciones pueden formularse mediante razonamientos y estructurarse como reglas o leyes generales, que dan cuenta del comportamiento de un sistema y predicen cómo actuará dicho sistema en determinadas circunstancias.

Orígenes de la Ciencia

Por absurda que hoy parezca, esta proposición tiene un carácter científico, en la medida en que es verificable y propone un principio unificador. Empédocles de Agrigento (s. V a. C.) propuso la teoría de los cuatro elementos, que recuerda los principios de la tabla periódica que hoy se usa en Química.

Otro protocientífico célebre fue Aristóteles (s. IV a. C.), que consideraba que el mundo obedece ciertas leyes que pueden descubrirse. En Biología, se recuerda su clasificación de los animales –que en algunos aspectos coincide con la actual- y también sus intentos de desentrañar el desarrollo de las aves observando dentro del huevo.

Arquímedes (s. III a. C.) es recordado por el principio de su nombre sobre lo que le sucede a un cuerpo cuando se sumerge en un líquido. Fundó la estática y estudió las leyes que rigen el funcionamiento de las máquinas.

Tolomeo (s. II a. C.) nos legó un sistema astronómico que hasta hace poco se usaba en la navegación.

Todos eran griegos y todos vivieron a partir del período de esplendor de la democracia. Es cierto que recogieron muchos conocimientos de Babilonia y de Egipto, pero estos conocimientos eran puramente prácticos y asistemáticos. Fueron los griegos quienes los sistematizaron, les dieron unidad, los generalizaron y extrajeron de ellos consecuencias no previstas por babilonios y egipcios.

Ciencia y Tecnología

Tradicionalmente, la ciencia y la tecnología eran juzgados como una caja negra y, por lo tanto, estudiadas independientemente de los factores sociales, políticos, y culturales, que actuarían como distorsionadores del saber científico técnico. Los estudios sobre ciencia, tecnología y sociedad reconcilian esos tres campos considerándolos como un tejido sin costuras.

En las regiones de habla hispana, este tipo de inquietudes y de reflexiones han llegado con el nombre común de estudios de/sobre Ciencia, Tecnología, y Sociedad (abreviado CTS), lo que en las regiones de habla inglesa se conoce como Science and Technology Studies (Estudios de Ciencia y Tecnología) o Science, Technology and Society (Ciencia, Tecnología y Sociedad), ambas con el acrónimo STS. En las regiones de lengua hispana, la multidisciplinariedad en CTS incluye desde el principio los ámbitos de las ciencias sociales, y ve sus orígenes en los movimientos en defensa de los derechos humanos, el movimiento feminista y pacifista y los primeros grupos ecologistas surgidos sobre todo tras la guerra del Vietnam. Por sus orígenes y naturaleza vemos cierto paralelismo entre los estudios CTS y los estudios feministas

Desarrollo de la tecnología

Una de las grandes incógnitas de la tecnología se encuentra en su evolución, en su desarrollo, su importancia radica en la dirección en que las tendencias de la técnica y la tecnología tomarán a futuro y la preocupación del hombre, si ese cambio o transformación lo podrá controlar a voluntad o simplemente tendrá que aceptarlo tal cual fuere su desarrollo de manera autónoma.

Este asunto ha presentado a lo largo del tiempo diversas posturas para su análisis, las cuales serán señaladas a continuación, pero no estarán agotadas, solamente servirán de sustento para estructurar el planteamiento que se mantiene a lo largo del trabajo.

Una primera postura plantea la división entre desarrollo tecnológico interno (endógeno) que se refiere según Quintanilla (1991) a la mejora de la eficiencia de un proceso, la fiabilidad de los artefactos, dispositivos, partes, etcétera, o al funcionamiento en términos generales de la maquinaria como mecanismo eficiente.

Este planteamiento considera a la tecnología exenta de carga valorativa, ajena al proceso de implantación entre usuario y proceso tecnológico. Su función es ser cada vez más útil a partir de los propios parámetros del proceso. Esta categoría sería de corte instrumentalista, de mejora continua, de diálogo ingenieril, de carencia cultural y social.

En otro sentido estaría el desarrollo tecnológico externo (exógeno) que apela a su implantación, uso y consumo, pero incluyendo al usuario, y abarca factores sociológicos, económicos, culturales, sociales y hasta demográficos. En este último sentido, la lista sería larga ya que se incluirían tantos ámbitos como implicaciones tiene la tecnología.

En este apartado quedarían todas las propuestas humanistas, de impacto sociocultural, de consecuencias sociales, de bienestar y progreso. Siguiendo con la misma idea pero trasladada a otro plano, se puede especular que la distinción antes señalada entre el determinismo tecnológico y constructivismo social, se articula de la siguiente forma: el determinismo tecnológico —con todo lo dicho anteriormente—, se conecta directamente con el desarrollo endógeno y el constructivismo social se puede considerar como consecuencia del desarrollo exógeno.

Esta percepción es discutible pero en principio sustentable, ya que la similitud entre las distinciones de técnica, señaladas en apartados anteriores ayuda a delimitar tanto para el desarrollo tecnológico como a la tecnología los aspectos netamente funcionales de los eminentemente humanistas.

El desarrollo tecnológico también puede ser analizado por ser acumulativo, es decir, los avances en este sentido podrán ser poco significativos pero alineados en cierta dirección que permitirá acumularse o agruparse alrededor de un cierto campo tecnológico específico. Una definición que va de acuerdo a lo señalado es la de Eduard Aibar (2001, p. 3) el cual dice que el desarrollo tecnológico se entiende, como una sucesión de invenciones o innovaciones donde cada escalón conduce casi necesariamente —o naturalmente— al siguiente y donde cada artefacto parece haber sido diseñado con el objetivo de llegar a la situación presente mediante aproximaciones sucesivas. En este sentido la relación tan estrecha entre ciencia y tecnología se puede interpretar como una interdependencia mutua altamente subordinada entre las dos áreas que en su convergencia producen avances gracias a la filiación de racionalidad que permite predecir ciertos acontecimientos como naturales o lógicos.

Su contraparte será el desarrollo a saltos, “el salto a la oscuridad” que señala Schumpeter (1975), uno de los economistas más prestigiados e influyentes en el siglo XX, y que se encuentra difundido como el cambio tecnológico. Este cambio en el desarrollo tecnológico se encuentra motivado en la mayoría de las ocasiones por el progreso técnico, la innovación, la invención, el diseño, la adaptación, entre otros.

Ciencia como producción de conocimiento y de tecnología

La evolución del proceso de innovación tecnológica desde una perspectiva basada en redes científicas y tecnológicas a otra basada en redes sociales ha sido consecuencia del desafío de transformar información en conocimiento, es decir, información que se puede incorporar en el desarrollo o mejora de nuevos productos y procesos. Como consecuencia de ello es necesario gestionar el proceso de innovación tecnológica incorporando en la organización objetivos específicos que persigan incrementar la productividad del conocimiento, para lo que es preciso estrechar las relaciones de cooperación con el ámbito de la universidad que debe ser vista como el principal agente en facilitar conocimiento a la empresa, aunque no el único. Un partenariado estable público-privado debe ser la base para acelerar el desarrollo socioeconómico e impulsar el proceso de innovación tecnológica, facilitando los flujos de conocimiento entre entidades generadoras y aquellas otras usuarias o transformadoras del conocimiento.

Influencia del desarrollo científico y tecnológico en la sociedad

La tecnología es un fenómeno social que surge y se despliega en un complejo sistema cultural, donde hay que tener en consideración los conocimientos, hábitos y valoraciones que cada sociedad impone por medio de rasgos singulares y universales. Esta ha invadido la sociedad contemporánea e incluye la dinámica  de vida del ciudadano común, es un proceso donde no solo el hombre transforma el entorno, sino que se transforma a sí mismo y a su vez la escala de valores.

La ciencia debe estar al servicio del conocimiento y la razón para contribuir a la emancipación del ser humano, lejos de la influencia del poder, debe detenerse ante el juicio moral sin pretender juzgarla ni invalidar sus propuestas,  tanto la una como la  otra  modifican  todas las formas de vida, crea nuevas creencias, comportamientos e  ideologías.

Desarrollo:

La importancia de la ciencia y la técnica en pleno siglo XXI está fuera de discusión. La tecnología se ha convertido en un factor de poder en las relaciones internacionales, ambas son procesos sociales, encaminados al  propio desarrollo de la humanidad. Sin embargo, el desarrollo acelerado de las tecnologías  no ha hecho otra cosa que agravar las desigualdades entre los pueblos.

La ciencia debe estar al servicio del conocimiento y la razón para contribuir a la emancipación del ser humano, lejos de la influencia del poder, debe detenerse ante el juicio moral sin pretender juzgarla ni invalidar sus propuestas,  tanto la una como la  otra  modifican  todas las formas de vida, crea nuevas creencias, comportamientos e  ideologías.

En el  presente,  el vertiginoso impulso de la ciencia y la tecnología, nos conduce a valorar cada vez más las consecuencias e impactos que este causa a la naturaleza y a la  sociedad; razón por la cual pretendemos plasmar en este apartado algunas consideraciones sobre su dimensión ética.   

La tecnología es un fenómeno social que surge y se despliega en un complejo sistema cultural, donde hay que tener en consideración los conocimientos, hábitos y valoraciones que cada sociedad impone por medio de rasgos singulares y universales; “en la maquinaria existen valores humanos, la máquina  no tiene ni  exigencias ni fines, es el espíritu humano  el que tiene exigencias y establece las finalidades”

(1)Esta ha invadido la sociedad contemporánea e incluye la dinámica  de vida del ciudadano común, es un proceso  donde no solo el hombre transforma el entorno, sino que se transforma a sí mismo y a su vez la escala de valores. Por esto,  resulta casi automático afirmar que cada sociedad posee el tipo de ciencia que corresponda a su modo de producción.

(2)Sin dudas, el progreso científico tecnológico  deviene cada vez más como un asunto  contradictorio y ambivalente que abre a la humanidad  posibilidades, en muchos casos en bien y en otros en mal, en dependencia del espejo con que se observen los resultados alcanzados.

Algunos científicos ven  a la tecnología  como la solución de todos los males sin importar las consecuencias y beneficios. En cambio otros se desvelan con  las terribles consecuencias que va dejando tras de sí el uso indiscriminado del desarrollo y el avance científico-tecnológico. Según, Agazzi (1996),  el hombre ha estado habituado largo tiempo a ver la ciencia y la tecnología como actividades destinadas únicamente a producir beneficios para la humanidad, incluso porque se consideraba capaz siempre de seleccionar  lo positivo  y dominar  o eliminar los eventuales efectos negativos del desarrollo científico- tecnológico por medio de los instrumentos procurados por este.

(3)No debemos estar tan seguros de la capacidad del hombre para regular con sensatez  los desafíos de sus propios actos en la producción, así  como de su interactuar práctico con la naturaleza y la sociedad.

Tomar conciencia y realizar valoraciones de estos peligros no debe quedarse a nivel individual sino que “deben  producirse solamente a un nivel social, pues efectivamente, son la humanidad o la sociedad en sentido alto las que están expuestas al riesgo de futuros  desastres, o ciertamente a la futura aniquilación, mientras que, a pesar de todo, el individuo singular tiene tendencia  a creer  que la tragedia se producirá en todo caso después de él”. (4)

Es preciso poner coto a tiempo y revertir tendencias negativas con reglamentaciones, normativas éticas y jurídicas para la creación científica y tecnológica, así como para su aplicación práctica.

Muchos autores afirman que la ciencia y la tecnología son neutros y desplazan la responsabilidad de sus efectos nefastos a los decisores de su utilización ¿Será acaso que los científicos no tienen responsabilidad alguna con las consecuencias negativas de los descubrimientos? ¿Entonces, no nos queda otra que aceptar de forma positiva las consecuencias negativas del desarrollo científico-tecnológico?

¿Acaso la sociedad no tiene derecho a elegir qué tipo de avance científico necesita, a preguntarse al servicio de quién se encuentra o cuál será su impacto?

En las últimas décadas de este siglo existe una institucionalización de los estudios socio-humanistas de la tecnología y su historia, específicamente la filosofía de la tecnología.

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